Category Archives: Capitalismo y ecología

La inútil ayuda a África

La ayuda al Tercer Mundo se suele considerar un asunto que está fuera de toda duda. El Tercer Mundo necesita la ayuda de Occidente para salir de su pobreza. Es un axioma. Se da por sobreentendido. Negar o reducir la ayuda al Tercer Mundo es condenarlos a una miseria aun mayor y probaría la maldad intrínseca de Occidente. Retirar la ayuda a África probaría la inherente maldad de Occidente.

Bajo la idea de que la ayuda al Tercer Mundo ha de ser constante subyace la convicción de que el Tercer Mundo es pobre por culpa de Occidente. Esta aseveración se repite y se expande de muchas maneras. “Somos ricos, porque ellos son pobres” es un sintagma en el que se reincide. Nadie parece querer ponerlo en duda. Aunque nadie aporta pruebas de esta afirmación.

El capitalismo no se expande en las naciones pobres. No hay razón para que una gran empresa quiera que haya países pobres. Coca Cola vende más en España que en Camerún, por lo tanto, a una empresa como Coca Cola no le interesa que haya naciones pobres. El capitalismo no es una conspiración de malvados, como se ha comprobado en la crisis económica de Europa. Si a los países les diera igual que una nación fuera pobre, no se estarían gastando millones de euros en salvar a naciones como Grecia. La economía globalizada supone que muchos países se ven afectados por lo que sucede en otros. Si al vecino le va bien, es más fácil que a mí me vaya bien; porque tendré un mercado más donde vender mis productos. A empresas como Coca Cola o Apple Computer no les beneficia que haya naciones pobres, a pesar de la certidumbre que tienen muchos.

Aunque no haya pruebas de la confabulación occidental que busca la ruina directa del Tercer Mundo, la idea se difunde sin parar. Muchos sostienen que al Capitalismo no le interesa que haya más países ricos porque estos países ricos serían más pobres. Según estas creencias, España habría empobrecido al resto de países de la Unión Europea al ingresar en el mercado común europeo. Pero nada parece indicar que fuera así. España se enriqueció y Europa se enriqueció. Quizá habría que buscar otras razones que expliquen esta teoría.

En Occidente el pensamiento que se considera a sí mismo progresista y moderno, y que suele asociarse con el pensamiento de izquierdas, es indisoluble de la culpa. La culpa es un fuerte aliado de Occidente. Mediante la culpa, el occidental se siente más aliviado por vivir mejor que aquellos que viven en el Tercer Mundo. Como el occidental vive bien, echa sobre sus hombros la culpa de que el habitante del Tercer Mundo viva mal.

El problema es que en esa culpa hay muchas actitudes paternalistas y colonialistas. Es decir: se cae en lo mismo que se quiere evitar. El occidental no se da cuenta de que no exigir al tercermundista lo mismo que le exige a otro occidental es equiparar al tercermundista con un incapaz. Se le exige menos, porque se espera menos de él. El occidental pide a sus conciudadanos y gobernantes un nivel de responsabilidad que no demanda al gobernante o habitante del Tercer Mundo. La culpa occidental ha sido bien estudiada en este libro de Pascal Bruckner “Ensayo sobre el masoquismo occidental”.

De esta conmiseración minusválida se derivan ideas fuertemente arraigadas. Como decíamos antes, -según estas ideas- si el Tercer Mundo es pobre, es por culpa de Occidente, por lo tanto, es responsabilidad de Occidente que el Tercer Mundo deje de ser pobre. Y dentro de esta responsabilidad occidental está el dinero que se da a los países pobres. O el dinero que se da a África.

Pero hay economistas africanos que han empezado a poner en duda este dogma. La economista zambiana Dambisa Moyo escribió un libro titulado “Dead Aid; Why Aid is not working and How There is a Better Way for Africa” que podría traducirse como “La ayuda improductiva; Por qué la ayuda no funciona y cuál sería la mejor manera para África”.

Dambisa Moyo expone en su libro que la ayuda a fondo perdido que reciben los gobiernos africanos promueve la dependencia, aumenta la corrupción y perpetúa la pobreza y a los gobiernos incapaces. Según Dambisa Moyo, la ayuda convierte en un círculo vicioso la pobreza e impide el crecimiento económico de África.

Dambisa Moyo pone el ejemplo de los países asiáticos que han alcanzado altos niveles de desarrollo sin ayuda occidental. Es conocido el ejemplo de China donde, a pesar de la falta de libertad, se ha reducido la pobreza a niveles bajísimos. No ha habido ayuda, tan solo trabajo y comercio. Asimismo, se puede aducir el caso de países como Corea del Sur o Taiwán. Ambos países apenas existían hace unos 50 años y hoy son sede de empresas tecnológicas punteras en el mundo como Acer, Samsung y Asus. Además, sus universidades están en los primeros lugares, incluso delante de España. El milagro israelí –otro país que no existía hace unos 50 años- es un ejemplo magnífico de lo que se logra con leyes que se cumplen y esfuerzo. Las universidades israelíes también están en los primeros lugares.

Los países asiáticos no han salido de la pobreza con ayudas occidentales, sino con gobiernos que protegen el comercio y la propiedad privada y que dan libertad a sus empresas para comerciar sin trabas. Es el trabajo y el esfuerzo individual de muchos lo que saca de la pobreza y no las ayudas que solo alargan la pobreza constantemente.

No es Dambisa Moyo la única economista africana partidaria de suprimir las ayudas a África. El ghanés George Ayittey defiende tesis similares a Dambisa Moyo y sostiene que hay que revisar el modelo occidental del grifo inagotable que no se cierra jamás y que no termina nunca con la pobreza. En esta conferencia habla sobre la tragedia africana aunque se centra más en sus gobernantes corruptos. Ayittey culpa a los africanos y sus gobernantes de lo que sucede en África, lo cual parece razonable. De igual modo que no se culpa a Camerún de lo que pasa en España.

Un ejemplo cercano a España es Guinea Ecuatorial que recibe dinero de España y que cuenta con recursos petrolíferos. A pesar de todo esto, la pobreza en Guinea Ecuatorial es señera; como también lo es la corrupción de sus gobernantes. Este blog hace un recuento de toda la corrupción de Guinea Ecuatorial.

Lo cierto es que la ayuda que Occidente regala a África está más destinada a calmar la conciencia de los occidentales que ayudar realmente a los africanos. Nos ponen la imagen del niño africano desnutrido para conmovernos. Quizá deberían ponernos la imagen de personajes como Robert Mugabe antes de pedirnos dinero.

Animales legítimos

Querida América:

He leído con atención el artículo que has escrito sobre la caza de animales y me han surgido varias preguntas.

http://www.rtve.es/noticias/20110615/caza-abusiva-animales-salvajes-amenaza-equilibrio-selvas/440336.shtml

Dices que es legítimo cazar animales salvajes para comer, pero no para venderlos. Eso no lo entiendo. ¿Quién establece esa legitimidad? ¿Un organismo? ¿El buen gusto? No acabo de entender dónde empieza la legitimidad o no de cazar un animal para comértelo. Tampoco entiendo la especificación de “salvaje”; supongo que un animal que para nosotros es salvaje no lo es para quien vive allí. Una vaca es igual de salvaje, para mi abuela, que un león.

Pero no entiendo que las cosas estén cambiando porque los animales se venden. ¿Es el hecho de vender un acto ilegítimo? Debería concluirse que los ganaderos españoles que venden pollos y vacas son ilegítimos.

No entiendo que los occidentales queramos ser cada vez más ricos- yo lo pretendo y espero que nadie me enmiende la plana- y que nos parezca mal que lo quieran ser en esos países. Porque –supongo- que venden animales para ganar más dinero y vivir mejor y no por fastidiar a las Protectoras de Animales.

Luego dices cosas muy interesantes: comer animales cazados sin ningún control sanitario aumenta la incidencia de enfermedades y su expansión. Totalmente de acuerdo. Es decir: lo que necesitan es tener sociedades que funcionen y que controlen lo que coman. Es decir: lo que hacemos en Occidente.

Quizá coincidas conmigo en que desde Occidente se suele ver el Tercer Mundo como ese patio de recreo bonito al que hay que mantener virgen, inhóspito y primitivo. Nos encanta que aquello se mantenga en el Neolítico para ir de viaje –nunca a quedarnos- y volver contando lo adorablemente primitivos que son, con un puñado de fotos, pero presurosos de refugiarnos en nuestras cómodas casas con agua caliente y aire acondicionado. Pero el de Zambia que no toque su selvita ni coma animales.

Nosotros hemos transformado nuestro entorno para que la Madrastra Naturaleza no nos coma y podamos dar un paseíto por el Monte de El Pardo sin que nos aparezca un oso hambriento. A cambio de perder ese toque exótico, tenemos estabilidad, seguridad y bandejas con comida en el supermercado. Quizá sería bueno que allí hicieran lo mismo.

Cuando hablas de que se reúnen para buscar alternativas. No sé, no sé. A mí eso me suena a paternalismo de ir a decirle al negrito qué debe y qué no debe cazar. Puede que me equivoque. Pero sería divertido que vinieran organizaciones de Nigeria a decirles a los cazadores españoles cuándo pueden matar jabalíes, ¿no crees? O que vinieran a decirles a los granjeros de Arkansas que críen menos vacas flatulentas, que ya está bien de metano.

No sé a qué sabe esa rata. Yo en eso de la comida soy un poco conservador. Pero se me ocurre que, mejor que apaños breves, sería bueno animarlos a que adoptasen un capitalismo que los hace más ricos y que evita una economía de subsistencia que es comida para hoy y hambre para mañana.

Ya sé que eso hoy en día es un pecado mortal, porque la tendencia del Occidente culposo es mantener el Tercer Mundo muy exótico y agreste a fin de que podamos ir allí de viaje y volver rápidamente. No sé qué opinas tú, pero creo que los países ricos mantienen mucho mejor su entorno que los países pobres. Solo un país rico como Canadá puede darse el lujo de tener tantos parques nacionales improductivos para uso y disfrute de paseantes.

No es la conciencia ecológica de Canadá lo que mantiene esos parques tan bonitos y vírgenes, sino la riqueza que se genera en lugares visualmente más feos como naves industriales y oficinas. De igual modo que nosotros tenemos Ordesa y Picos de Europa porque hay parques industriales que generan la riqueza suficiente para que los españoles ya no tengamos que salir con un arco y una flecha a cazar ciervos.

Es el desarrollo industrial y el hacernos más ricos la mejor manera de respetar los bosques y lagos. Estoy casi seguro que muchos de los que defienden que los países del Tercer Mundo se queden atrasados y exóticos no tendrían ningún reparo en bañarse en un río del Parque Yellowstone; habría que ver si harían lo mismo en un contaminadísimo arroyuelo de Nairobi.

Desarrollo industrial y leyes que hagan respetar el comercio y la propiedad privada me parecen mejores maneras de respetar el Medio Ambiente. Cuestión que, en muchas ocasiones, los países pobres olvidan. No es casualidad que las tasas de corrupción política sean tan altas en los países más pobres. Creo que hay una clara asociación.

Pero hasta entonces, parece que preferimos adoptar una actitud paternalista con quien tiene que comer a diario y a quien lo del respeto al Medio Ambiente le suena a patraña sin sentido. Más que nada porque es un concepto occidental que surge de la riqueza. Es ecologista quien puede comprar cómodamente en una tienda, porque hay detrás de esa bandeja de filetes de pollo todo un entramado de producción donde cada uno ejerce una función remunerada y protegida por la ley, a fin de que siempre haya bandejas de pollo en los supermercados.

Eso creo yo, aunque ya sé que soy un bicho raro.

Te mando un saludo afectuoso.

Juan Pablo.